Cáceres Laica

Por un mundo laico, ni un paso atrás.

De cardenales, curas y otros bichos

Ambrose Biercé, en su “Diccionario del Diablo” definió con precisión matemática al clérigo:

Clérigo: Hombre que se encarga de administrar nuestros asuntos espirituales, como método de favorecer sus asuntos temporales.

El caso es que ayer el máximo responsable de los hombres de negro de la Iglesia española, Monseñor Rouco Varela, visitó al Presidente de los españoles para resolver sus asuntos temporales -léase poder y dinero -, so pretexto de preocuparse por nuestros asuntos espirituales.

Claro está que la Iglesia siempre lleva las de ganar: están aquí para salvarnos el alma en el más allá convenciéndonos de sufrir en el más acá y como nadie ha vuelto de la muerte para reclamarles por engaño, la duda, asistida por el miedo, permanece.

El caso es que yo, como dijera Luis Buñuel, soy ateo gracias a dios,  tal vez convencido como Voltaire de que el ateísmo es el vicio de unas pocas personas inteligentes.

Rouco visitó al Presidente sin la compañía de su agraciada sobrina. Lástima, no hay color. Rouco Varela es una de esas personas que su gesto, su mirada, provoca rechazo. “Se le vé mala persona”, dirían las viejas de mi pueblo. Su sobrina, todo lo contrario. Deben ustedes perdonarme esta pequeña malicia, pero es que el cristianismo ha hecho mucho por el amor convirtiéndolo en pecado, la frase es de Anatole France, y uno no puede sino enternecerse ante las palabras de la sobrina del cardenal obligada a posar para Interviu ante la clara desidía que muestra Rouco para los intereses de su familia más cercana.

Por cierto, es curioso esa obsesión sacerdotal por la familia, el matrimonio y contra los gays, precisamente ellos, que viven y mueren sin formar familia y que se visten a mayor envidia de las drag queen del carnaval de Canarias.

El Presidente de la Conferencia Episcopal quiere negociar con Zapatero todos los asuntos que le atañen y los que nos atañen a los no creyentes. Me parece bien que defienda sus conciertos económicos y sus privilegios fiscales, y me parece mal que el Gobierno los acepte. Pero qué tienen ellos que decir en temas como la eutanasía, el divorcio o el matrimonio. Tratándose de leyes civiles hechas para una población donde no solo hay católicos deberían callar. Sus adeptos, que no se divorcien y mueran con dolor. Los demás somos libres para justo lo contrario. Ni yo les digo como comportarse, ni acepto que ellos me digan a mí como debo vivir.

Sé que insisto en estas cosas, pero amigo, es que para tí soy ateo. Para Dios, su oposición (Woody Allen), y comprende que tenga ganas de insistir para que aumente la nómina de afiliados al ateísmo y de opositores a Dios. No es que no haya intentado congeniar con cualquiera de las muchas verdaderas religiones que consideran que todas las demás son falsas, de hecho, creería sinceramente si Dios tan solo me hiciera una simple señal, como hacer un ingreso a mi nombre en algún banco, de nuevo en cita de Woody Allen.

Además, soy ateo para defender la democracia. Sí, porque la religión cristiana se basa en supuestos totalitarios y fanáticos. Uno de los obispos españoles, Fernando Sebastián, se queja de la descristianización de occidente. ¿Y bien, qué pasa? Si tan solo se preocupara por mirar dentro de su propia casa y preguntarse por qué se reduce el número de adeptos a su dios, no habría problemas. Pero para Sebastián la solución estriba en que el Estado intervenga para evitar el vaciado de las iglesias: que se dé religión obligatoria, que se pongan crucifijos en todas las calles… Dicho de otra forma: su solución para evitar el agnosticismo para por hacer ogligatoria la fe cristiana. Lo dicho, totalitarismo.

Y por si fuera poco, nos encontramos con una buena dosis de hipocresia eclesial. El ex-papa por muerte natural Juan Pablo II (del I no podemos decir tanto) dijo que si nos alejamos de Dios, ¿quien nos garantiza que un día un poder humano no reivindique de nuevo el derecho a decidir qué vida humana vale y cuál no vale? ¡Manda cojones! Y qué eso lo diga el Papa de una Iglesia que durante dos mil ochocientos años largos decidió quienes tenían derecho a vivir y quienes debían morir en la hoguera, que condenó a muerte a millones de personas por no creen en su dios, por decir que la tierra giraba alrededor del sol (Giordano Bruno), por negar la trinidad, por ser luteranos, y viceversa con los católicos en los países luteranos, y un largo etcétera. ¡ah, por supuesto!, que el suyo era un poder divino, y claro, Dios si puede matar libremente, y sus santos pastores en su nombre.

Lo cierto es que pudimos progresar cuando arrinconamos a los curas. Entonces progresó la ciencia, porque la Tierra gira alrededor del Sol, uno de tantos entre millones de estrellas, y la literatura se libró de sus corsés, y pudimos disfrutar de nuestro cuerpo, vivir con libertad y descubrir con Nietzsche que el hombre, en su orgullo, creo a Dios a su imagen y semejanza, y tras mucho sufrir, por fin, Dios ha muerto, parece que lo mataron los hombres.

En fin, que nada de esto influirá en Rouco Varela, pues cerrando este círculo por la ilustración, con Voltaire, cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable.

 

Víctor Casco

Agosto 2, 2008 Publicado por cacereslaica | 1 | | 10 comentarios