POR, PARA, CON FERNANDO PASTOR

“Niños, este año nos quedamos sin Belén, sin Reyes, sin Semana Santa, gracias a Fernando”

“Niños, este año nos quedamos sin Belén, sin Reyes, sin Semana Santa, gracias a Fernando”

Nuestro querido compañero de Europa Laica, Fernando Pastor, ha sentido vulnerado un derecho fundamental reconocido por la Constitución (el de libertad de conciencia) y lo ha exigido ante los tribunales. Este “peligroso”, “agresivo” y “rabioso laicista” lleva esperando pacientemente desde 2005 que los tribunales reconozcan que en un estado presuntamente laico, los símbolos confesionales deben estar fuera de la escuela pública.

Fernando cree que la escuela pública es un espacio muy peculiar, al que asisten de forma obligada menores de edad, cuyas personalidades, sistemas cognitivos y emocionales están aún inmaduros y, por tanto, en formación. Por ello son especialmente vulnerables. De ahí que en este peculiar espacio público, para que el aprendizaje encuentre un marco adecuado y estable, así como para que la convivencia resulte practicable, no deben tener cabida las creencias ni ideologías, como tales sistemas de pensamiento. Porque separan a l@s chic@s, segmentándolos en función de sus ideas o creencias. Por eso cree que no caben cruces, medias lunas, rosas, gaviotas ni cualquier otro símbolo.

Fernando cree que en la escuela pública no se pueden tener en cuenta las clases sociales, los niveles económicos, las diferencias étnicas, ni las creencias e ideologías. Tod@s l@s jóvenes son iguales en la escuela pública y esa es la garantía de que se formarán como ciudadanos libres e iguales en derechos. Y si hay que inculcar algo, es el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales y a los principios enunciados en la Carta de Naciones Unidas y en la Convención sobre los Derechos del Niño (1989). Nada dice la Convención acerca de inculcar creencias religiosas en la escuela.

Pone los pelos de punta, sin embargo, la actitud de esa madre que, seguramente pertrechada de argumentos “evangélicos”, enarbola una pancarta con la que acosa a Fernando. Ella sí personaliza y acusa con el dedo. Es más, en un gesto que la retrata, incita a los menores de edad a percibirle como un enemigo. Ellos, que no tienen nada que ver en este asunto. No nos dice cómo empeora la educación de l@s niñ@s con la ausencia del crucifijo. Pero a partir de ahora verán a Fernando, y a todo el que se relacione con él, como un enemigo. Ni que decir tiene que esta madre no está defendiendo los intereses de su hijo sino sus personales creencias religiosas. Caiga quien caiga.

También lo acosa con un “Decidimos los padres, no el juez”. Esta madre piensa que tiene un poder omnímodo sobre su hijo y que los hijos son propiedad de los padres. Ignora que l@s niñ@s son titulares de derechos, desde que nacen, aunque no puedan ejercerlos directamente. Pero el derecho a su libertad de conciencia no puede ser anulado por ningún padre o madre “iluminados”. ¿Alguien en su sano juicio y con un poco de pudor diría que acosando de esta manera a Fernando esta madre está contribuyendo a “preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de sexos y amistad…”, como estipula la Convención antes aludida?

¿Alguien diría que la campaña de acoso verbal y psicológico, lanzada por otros padres de alumn@s y alentada por la dirección del centro contribuye a este fin? Ciertamente a esta madre, con el aliento de la dirección, se la ve imbuida del mismo espíritu “pacífico, sereno y sensato” de la Conferencia Episcopal. Pero estoy convencido de que, además del rechazo de tod@s l@s laic@s, su actitud provoca una tremenda vergüenza ajena en miles de cristian@s sensat@s y cívic@s. Por cierto, ya hay niños que instigados por esta irresponsable madre, cantan a Yolanda, la hija de Fernando: “Crucifijos sí, gilipollas, no”. Esto es lo que se llama inculcar valores. La actitud de esta madre y sus consecuencias, son la mejor prueba de por qué las creencias religiosas no deben tener cabida en la escuela. No hay mejor laboratorio social que el Macías Picabea.

Resulta irresponsable, por último, que la Ministra de Educación pretenda ignorar un problema que debería estar resuelto desde hace 30 años, negándose a admitir un hecho evidente: es la administración educativa la que debe resolver el asunto de los símbolos religiosos en las escuelas públicas y concertadas, subvencionadas con dinero público. De lo contrario está provocando que esta cuestión se convierta en una insensata “guerra jurídica de trincheras”, colegio a colegio, con la consiguiente alteración del clima escolar.

Así pues, en este asunto de los símbolos confesionales en la escuela pública, Fernando somos todos. Ah y ¡Feliz navidad, Yolanda!

Enrique Ruiz del Rosal

Presidente de la Asociación Laica de Rivas Vaciamadrid

Miembro de Europa Laica

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