Pañuelo sí, pañuelo no…

A  estas alturas a nadie se le escapa que no estamos hablando de un pañuelo, de un cinturón o de unos zapatos. Hemos entrado en una discusión compleja y llena de matices: el uso del pañuelo Islámico.

Esta discusión ni se plantearía si  las leyes iraníes no ordenaran que todas las mujeres jóvenes deben usar el velo y cubrir sus cuerpos con un largo traje negro, si allí mismo el testimonio de un varón en un juicio no valiera lo mismo que  el de dos mujeres, si a las mujeres no se les prohibiera en dicho país islámico  ser juezas, o candidatas a la presidencia. Esta discusión no se plantearía si en países como Afganistán  las mujeres no tuvieran prohibido trabajar, salir solas, o  caminar por las calles, sin estar cubiertas de pies a cabeza.  No se plantearía si en Arabia Saudí las mujeres pudieran votar, si en Camerún no fuera el marido quien decide si la mujer trabaja o no, si en Sudán no se permitieran  los matrimonios forzados, si en Nigeria no estuviera permitida legalmente  la violencia de género, si en el Líbano no se le redujera la pena al hombre que mata a su esposa, o a otra mujer de su familia, demostrando que cometió el delito en respuesta a una relación sexual socialmente inaceptable de la víctima, etc.

No estamos hablando del pañuelo, estamos hablando de la discriminación, la esclavitud y la violencia. Y claro que una mujer adulta y libre tiene tanto  derecho a elegir su vestimenta cómo el resto de los ciudadanos,  pero no está obligada a que se la impongan, y precisamente en protección de estos derechos individuales se plantea la necesidad de controlar su uso.

En primer lugar habría que distinguir entre las diferentes edades:

 Cuando nos referimos a menores, éstos  deben estar protegidos por la Ley incluso de sus propios familiares. Los padres, por ejemplo,  no pueden impedir el derecho a la educación de los hijos aunque esto suponga la escolarización obligatoria. Muchos niños se ven por este motivo obligados a viajar cada día o a vivir en colegios, fuera del núcleo familiar, en contra de la voluntad de los padres. Porque ¿pueden los padres decidir sobre la vida del menor? ¿pueden, por ejemplo,  dejar que un hijo muera por negar su permiso para una trasfusión sanguínea, alegando motivos religiosos o culturales, o acaso puede decidir si se le amputa una parte de su cuerpo, como es el clítoris? .¿Por qué entonces el Estado habría de permitir que se someta a las niñas a una indumentaria discriminatoria  y mutilante que les impide competir, en igualdad, en materia educativa?.

La educación es obligatoria y debe estar regulada en cada uno de sus detalles,  en los contenidos, en los procedimientos, y  en el sistema de control, de forma que se garantice el acceso a la misma de todos y todas,  se controle su calidad, y  se garanticen el principio constitucional de igualdad. Para ello no solo se debe asegurar el suficiente número de centros públicos o concertados, adecuadamente dotados, o el transporte, sino que la docencia impartida sea de calidad, necesariamente  laica, y gratuita, -lo que en la actualidad no se  produce-, y la accesividad, de los menores, a la misma, con el equipo adecuado. ¿Se imaginan que algún alumno o alumna asistiera a clase de educación física con tacones y una mini ajustada?, ¿o acaso veríamos oportuno que los jóvenes aprendieran a manejar máquinas-herramientas sin atenerse a las normas de seguridad, o escribieran en la pizarra con esposas en las muñecas, aunque lo exijan las creencias religiosas de sus mayores?

En segundo lugar hay que distinguir entre el entorno privado y los espacios públicos, de lo contrario,  muchos ciudadanos podrían optar por ir desnudos, en verano, por la calle sin temer a ser sancionados, o podría permitirse que los coches circularan marcha atrás, o que los transeúntes realizara el coito en los semáforos.

El uso de los espacios públicos está sujeto a unas reglas que exigen recoger la caca del perro, respetar la señalización, y  sobre todo, actuar dentro de la legalidad. Sería impensable, por ejemplo,  consentir que un marido “sacara de paseo”, por la calle, a “su” mujer  con cadena al cuello, o la controlara con un látigo. Tampoco parece lógico consentir el uso en público de  indumentarias muy concretas  como el burka, que además de limitadoras y perjudiciales para la salud, son seriamente sospechosas  de encubrir  imposiciones esclavizantes para la mujer.

Finalmente, y sobre el uso del pañuelo  en mujeres que son representantes públicas, como el caso de las parlamentaria, insisto en exigir la estricta separación entre la vida privada de estas personas, cuya libertad nadie cuestiona, y sus actos como representante público, en los que cualquier manifestación externa de sus particulares creencias religiosas es inaceptable.

Y dicho esto quiero agregar que la discriminación machista, y el sometimiento de la mujer , como su máxima expresión, no se dan solo en la religión islámica, sino en todas ellas – solo hay que echarle un vistazo a las monjas de clausura para entenderlo- y quien tenga dudas que repase el organigrama de la jerarquía eclesiástica católica compuesta exclusivamente por machos; Y matizar que tampoco es exclusiva de los países islámicos, que desgraciadamente aun mantienen leyes esclavizantes para la mujer, negándole su plena capacidad como persona, y tratándola como a esclava en pleno siglo XXI, sino también de los “modernos” países occidentales, que  consiente estos planteamientos, y permiten la situación,  haciendo “la vista gorda” cuando les interesa, -y me da igual que sea por motivos militares o económicos-, reconociendo a gobiernos machistas, y comerciando con Estados donde la mujer vive sometida. ¿O alguien cree que si los países occidentales estuvieran preocupados por la discriminación de la mujer iban a llevarse “a partir un piñón” con los que los que  la amordazan con sus leyes? …

No vamos a pegarnos por un pañuelo o por una camiseta, pero creo yo que la lucha por las libertades y los derechos, sí merece la pena el esfuerzo.

 

Mila Carrero Sánchez

 

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5 comentarios

  1. Estoy en contra de todo lo que signifique una imposición que vaya contra la dignidad de las personas. No digo de cualquier imposición de madres y padres , por ejemplo a la mayoría de menores se les impone ir al centro educativo en contra de su voluntad. En cuanto a los uniformes, las niñas faldas, los niños pantalón ¿Imposición? Los padres y madres eligen que sus hijos e hijas vayan o no a religión… y así muchas más imposiciones a menores. En cuanto al pañuelo, velo… hay mucho que hablar, desde luego, pero estoy completamente en contra de que se segregue a una niña por el pañuelo. Hay que exigirle que cumpla con el currículum, desde luego, pero ¿echarla? Creo que la educación puede ser liberadora por lo tanto no hay que expulsar. Todo requiere un proceso lento y hay cosas que no se arreglan cortando de raíz y por la fuerza, se produce el efecto contrario.Me recuerda toda esta persecución a lo que hacía la iglesia en la E. Media contra judíos y musulmanes. ¡Lo hacían por su bien, claro! Otra cosa es que haya crucifijos, vírgenes, cuadros de Alá… en un espacio público. La institución no puede mostrar símbolos religiosos eso debería de estar claro, pero si alguien quiere llevar un crucifijo al cuello, que lo lleve. El laicismo no es persecución de las religiones, sino respeto a la religiosidad privada de cada persona. Hay bastante hipocresía en todo esto. ¿Algún claustro de pprofesores/as sabe que papel juegan las niñas en casa con respecto a los niños? ¿Si la casa reune las condiciones adecuadas? ¿Si comen bien?… Tengo la impresión de que nos preocupa demasíado los signos externos ,. Si se demuestra que las niñas en cuestíón están sufriendo malos tratos por su padre, hay que denunciarlo al juzgado, no discriminar a la “víctima” En resumen, lo importante no es el velo, la gorra, el uniforme, los tacones… sino lo que hay detrás, y eso no se arregla quitando o poniendo prendas de vestir.

  2. Los límites éticos de la cultura
    Cualquier acción debe estar condicionada por la relación que guarde con los valores que intervengan en su realización. Será inadmisible si, y solo si, contraviene valores básicos, por ser imprescindibles para el desarrollo normal de la vida de cualquier ser humano, que pueda sentirse afectado.
    Voy a intentar analizar y valorar dos hechos de gran actualidad en España: Ciertas costumbres de personas inmigrantes (no turistas) y esas extravagantes e increíbles diversiones basadas en el maltrato de animales, preferentemente en la época estival. Curiosamente ambos asuntos suelen asociarse con problemas culturales.
    Ya hemos dicho que no todo lo que se llama ‘cultura’ es bueno. Lo bueno es aquello que favorece el disfrute de los valores ‘humanos’ (universales). Cuando se plantean cuestiones en torno a situaciones concretas relacionadas con costumbres de pueblos que se afincan dentro de otros, no basta decir: ¡Es su ‘cultura’! Porque si su ‘cultura’ contraviene valores aceptados por la mayoría de los seres humanos y, por supuesto, por las gentes que reciben al forastero, tales elementos culturales deben ser prohibidos en ese lugar, y todo lo más que puede hacer el disconforme es regresar o aceptar las condiciones que se le exigen en el nuevo marco de convivencia. Porque, de lo contrario, habría que especificar, en cada caso, hasta dónde se puede ceder:
    ¿El velo?
    ¿El burka?
    ¿El matrimonio concertado?
    ¿La poligamia?
    ¿La ablación del clítoris?
    ¿El asesinato por deber moral?
    ¿La lapidación?
    ¿La pena de muerte?
    Dicho de otro modo. Si se cede, ¿hasta dónde? Porque no parece razonable que haya que ceder en todo. Habrá que ir por partes e ir viendo qué valores se conculcan en cada supuesto. Y cuando se ataque un valor ‘humano’, se deberá prohibir, explicando por qué, pero con claridad. Si se considera que la libertad es un valor superior al derecho a imponer unas determinadas creencias o ciertas normas morales particulares, se deberá prohibir todo aquello que impida el ejercicio mínimo de la libertad personal.
    En el método eticológico de valoración de las conductas humanas, uno de los puntos más importantes es determinar qué valores entran en juego, así como su definición. En el caso de una niña en la que se plantea el problema de ir o no con velo a clase, entran, como valores de primer orden, la libertad, la igualdad y la justicia. Suele decirse que ella tiene derecho (no se le puede impedir) a ir como quiera (libremente), por tanto nadie debe oponerse a que lo lleve, si ella quiere. Sin embargo, en nombre precisamente de la libertad, la niña debería poder ir sin velo. Porque todos sabemos que tal libertad es una falacia, ya que su religión obliga a llevarlo (y ella no eligió esa religión libremente, ni siquiera sus padres). Dice Richard Dawkings (El espejismo de Dios) que es absurdo hablar de “niño católico” o “niño musulmán”, debería decirse “hijo de padres católicos, o de padres musulmanes”. Pero incluso pienso yo que es impropio hablar de personas católicas o musulmanas sin más, puesto que, si no hay verdadera libertad, cada cual suele ser lo que sea la sociedad en la que nace (recordar aquello de ‘cujus regio et ejus religio’). Lo contrario es demasiado costoso. ¿Por qué no había en España, hace cincuenta años, más que católicos? Porque los bautizaban a todos al poco tiempo de nacer (apostatar, incluso hoy, es mucho más complicado, al margen la discusión sobre su interés real). Por tanto, para empezar, debería prohibirse llevar esa prenda de vestir hasta que realmente la interesada pueda llevarla sólo cuando le parezca (no siempre). La práctica de la libertad es un asunto individual, como opción particular dentro de las normas sociales. Porque el fundamento de la libertad es colectivo, y éste puede no ser individualmente libre. Por eso esta niña en concreto no puede decidir por su cuenta, ya que forma parte de la gente a la que afecta esa norma básica común (modo de vestir dentro del Islam). La libertad, como se acaba de decir, es el conjunto de posibilidades de cada persona dentro de unas determinadas reglas de juego comunes. Las reglas no son libres para cada ‘jugador’, sólo es libre la forma de ‘jugar’, y son aquellas las que garantizan que el juego se pueda desarrollar. Para una niña musulmana, el modo vestir no es libre porque viene tradicionalmente impuesto por unas normas generales muy rígidas. Ni lo es, en la práctica, para un europeo, ya que se prohíbe ir desnudo por la calle o totalmente tapado (si no es carnaval). Tampoco debería permitirse llevar velo si tenemos en cuenta el valor de la igualdad, entendido como se entiende actualmente en Europa. Por otra parte, no es aceptable que alguien venga a nuestra ‘casa’ a justificar un trato desigual y vejatorio para la mujer. Es cuestión de respetar las reglas del juego y las normas del lugar donde este juego se juega. Si alguien quiere jugar a otra cosa deberá, cuando menos, irse. Tampoco sería injusto exigirle a una persona lo que se le exige a los demás. Una muchacha española, si lo permite el reglamento del centro, seguramente puede ir clase con una gorra, pero la deja en casa cuando le parece. Y el ejemplo de las monjas no es igual porque no es general y responde a una cuestión de uniforme de una institución (legalmente aceptada), como puede ser la militar o la de jardinero municipal. Es fácilmente comprensible si la familia del velo pensara en cómo sería recibida en una universidad de su país un muchacha europea que decidiera ir a clase en minifalda. El argumento de que el escándalo es distinto no es correcto, ya que también escandalizaría un señor que entrara en una playa de nudistas con traje y corbata, o lo hiciera una monja con su uniforme. En el caso del velo en las escuelas debería poder decidir el consejo escolar de cada centro, según los casos:
    No se puede venir a clase con sombrero.
    Prohibido asistir en pantalón corto.
    Éste es el uniforme del colegio.
    Etc.

  3. .Hola!
    Os dejo el enlace de un documental sobre la ingerencia de la iglesia catolica española en la vida pública, hecho a partir de sus propias declaraciones y incongruencias…creo que es útil para reflexionar un poco sobre el tema…

    aquí teneis los enlaces donde encontrar-lo

    titulo: Católicos, una de frailes

    Enlace: http://www.megavideo.com/?v=WU2YCLHB

    salut!

  4. Creo que, por un lado, no podemos valorar el tema del hiyab en función de lo que ocurra en Iran o Afganistán, del mismo modo que no prohibiriamos el uso de pantalones vaqueros si en EEUU lo hicieran obligatorio.

    Por otra parte me sorprende que se hable tanto del hiyab y no se diga una palabra en torno a las imposiciones socio-culturales a las que son sometidas las niñas y jovenes españolas. Hace poco leí un texto bastante interesante al respecto en Diagonal:
    p://diagonalperiodico.net/Alicia-perdida-en-el-pais-de-los.html

  5. Creo que, por un lado, no podemos valorar el tema del hiyab en función de lo que ocurra en Iran o Afganistán, del mismo modo que no prohibiriamos el uso de pantalones vaqueros si en EEUU lo hicieran obligatorio.

    Por otra parte me sorprende que se hable tanto del hiyab y no se diga una palabra en torno a las imposiciones socio-culturales a las que son sometidas las niñas y jovenes españolas. Hace poco leí un texto bastante interesante al respecto en Diagonal:
    http://diagonalperiodico.net/Alicia-perdida-en-el-pais-de-los.html

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