En el furgón de cola

La Plana Mayor de Cáceresy Extremadura enprocesión bajo palio

Como en tiempos de Franco. Rancio e intransigente clericalismo

EN EL FURGÓN DE COLA

Nuevamente los extremeños hemos saltado a las páginas de los periódicos por ser los últimos en el furgón de cola de la cultura, del desarrollo y del progreso.

La Junta de Extremadura, a pesar de haber sido obligada mediante Auto  por el Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJE) a la retirada de los crucifijos de dos aulas del colegio público Ortega y Gasset de Almendralejo (Badajoz) tras las demandas interpuestas por los padres de dos alumnos, se hacen los tontos y mantiene la presencia de los símbolos religiosos en los espacios institucionales. A todos se les llena la boca al hablar de los Derechos Humanos pero no les produce  pudor   alguno vulnerar sistemática y descaradamente el artículo 18 de la Carta Universal de los Derechos Humanos.

Esto no nos extraña sabiendo que el Gobierno del PSOE acaba de desdecirse de su promesa electoral de promulgar una Ley de Libertad de Conciencia que pretendía desarrollar ese compromiso.

Respetamos que el Sr. Fernandez Vara o el señor Monago sean, y no tengo interés alguno en saberlo, fervorosos creyentes,  cofrades, o del Opus, pero Extremadura no es su finca particular y  los extremeños tampoco necesitamos un presidente que vele por nuestra moral conforme a los dictados de su iglesia.

Extremadura laica exige separación entre las Instituciones y las Iglesias. Ya está bien de entregar el bastón de mando de Cáceres a la Virgen de la Montaña, de celebrar el Pleno del Ayuntamiento bajo la presidencia del crucifijo, o de celebrar el día de Extremadura con una  misa en Guadalupe presidida entre el Presidente de la Comunidad y los obispos.

Extremadura laica-Cáceres Laica insta desde aquí al Presidente de la Junta de Extremadura, al Presidente de la Asamblea, a los Presidentes de ambas Diputaciones provinciales y a los Alcaldes de todos los municipios a ordenar la retirada de todos los símbolos religiosos de los escasos espacios institucionales que aun los conservan – por paraticulares intereses de los que aspiran a un Estado confesional, contrario a la Constitución como en los viejos tiempos- lo que ya se ha hecho en la mayor parte de colegios, institutos, hospitales y centros administrativos, de la manera más natural, y sin que haya supuesto mayores gastos ni otro tipo de trastorno alguno.

Mila Carrero

Coordinadora de Extremadura Laica-Cáceres Laica

Por Paco Delgado

En la resaca papal… casi todo estaba en el guión

*Francisco Delgado. Europa Laica. 8 de noviembre de 2010.

Diez días antes de la llegada de Ratzinger a Santiago, unos días antes y coincidiendo con la visita a Barcelona, tuve la oportunidad de reunirme con socios y socias de Europa Laica en ambas ciudades, también lo hice con medios de comunicación, con diversos colectivos ciudadanos, la asistencia a un foro joven (“espacio de libertad” organizado por la Fundación Ferrer i Guardia en Barcelona), además de tratar de pulsar, en la medida de lo posible, la situación en la calle.

Han sido unos días que, en algunos momentos, parecía que nos trataban de transportar a “tiempos pasados”, cuando algunos políticos han ejercido de acólitos y pregoneros encabezados, especialmente,  por los alcaldes socialistas de Santiago y de Barcelona, señores Bugallo y Hereu. También tuve esa sensación cuando escuché, atentamente, una entrevista al representante del Gobierno ante la Santa Sede, el socialista Sr. Vázquez

La situación llegó a un clima apoteósico con los bandos de ambos alcaldes, llamando a los vecinos a participar en los actos religiosos y el “súmmum” llegó cuando el alcalde de Santiago proclamó “territorio Vaticano” plazas y calles del entorno de la catedral, antes y durante la visita del señor Ratzinger, según él, quedando bajo el poder de iglesia un espacio público en donde dijo que  –se aplicaba un supuesto principio de extraterritorialidad que da competencias legales y jurisdiccionales a la institución católica. La verdad, en mi opinión aberrante y que rompe principios constitucionales fundamentales, pienso que alguien debería de pedir cuentas.

El guión se ha hecho realidad: Todas las expectativas que se preveían desde ámbitos que utilizaban el sentido común y la razón se han cumplido, no así las expectativas falsas creadas por el poder político y las de la propia iglesia católica, de forma interesada: El supuesto negocio mercantil ha sido un fracaso, a pesar del elevado costo de dinero público que ha supuesto; el número de católicos y de curiosos que han asistido a los actos no ha respondido, con mucha diferencia, a las expectativas generadas; los exabruptos papales se han producido tal y como nos tienen acostumbrados desde la jerarquía católica, aunque, en esta ocasión, mucho más hirientes y falsos; también estaba en el guión los aplausos a esas groserías intolerables por parte de ciertos políticos de la derecha, de algunos medios de comunicación y de la jefatura del Estado, así como, también, estaba en el guión la pasividad y la postura humillante ante tales desvaríos de algunos políticos del centro-.izquierda. La televisión pública (que ahora pagamos todos con nuestros impuestos) ha dedicado ¡increíblemente! decenas de horas a los eventos, obteniendo unos bajísimos resultados de audiencia, 9,4% en Santiago y 8,2% en Barcelona (tan sólo 237.000 espectadores). Por último; el negocio espiritual a que aludía la jerarquía católica y algún que otro político de Gobierno y oposición, lo tendrán que analizar, con lupa, para que lo tengan en cuenta quienes desean re-evangelizar España (y Europa), para lo cual han creado un sección específica en la Santa Sede y lo repitió, en directo, en varias ocasiones, delante de nuestros representantes públicos y nadie “rechistó”

También estaba en el guión…la postura de los diferentes medios de comunicación, según su línea editorial… en algunos casos han ayudado a desenmascarar una visita manipulada y organizada con  muy poca ética, hecho que hay que agradecer. Otros se han dedicado a alabar la visita, los mensajes y criticar, la no asistencia a las misas del presidente del Gobierno, actitud que es de lo más coherente, aunque estaban otros representantes del mismo,  hecho que hay que lamentar.

Salvo conocidas y muy honrosas excepciones que hemos escuchado estos días…  la mayoría de los políticos que nos representan a todos los ciudadanos y ciudadanas, NO se han pronunciado desfavorablemente sobre algunas de las barbaridades que ha “soltado” en su visita (dicho con todo respeto). Incluso se han visto “aplaudidas” por lo más reaccionario de la derecha política. Y, también, nada  más y nada menos, el presidente del Congreso de los Diputados les ha quitado importancia y las ha “comprendido y reinterpretado” hecho insólito, por lo que representa institucionalmente. Los portavoces del Gobierno se han limitado a decir: “las relaciones de la iglesia católica y el gobierno pasan por un buen momento”. ¡Cómo no!, si los históricos y enormes privilegios simbólicos, jurídicos, económicos, tributarios y en materia de enseñanza y servicios asistenciales a la comunidad, han sido incrementados en esta legislatura y han retirado, según ellos, la reforma de la “Ley de Libertad religiosa”, como “ofrenda ” al ilustre anciano y a lo que representa.

También estaba en el guión: la visita no sabemos, bien, si ha sido como pastor de su iglesia, si como jefe de un Estado ficción (ciudad del Vaticano-concedido por Benito Mussolini en 1929) o si ambas cosas a la vez, he oído de todo a sus “seguidores”.

Pues al parecer a esos difíciles años que fueron “muy rentables” para la iglesia católica en la Italia de Mussolini y en la Alemania de creciente nazismo, no lo eran en España con la venida de la democrática II República, por ello encabezados por el cardenal Segura, muchos clérigos, desde antes de ser un hecho, ya estaba atacándola, participando activamente en su destrucción y  del golpe de Estado franquista, de 1936. Es cierto que fueron años muy complicados para todos, que acabó con la segunda guerra y una dictadura nacional-católica en España. Por ello referirse a esos años comparándolos, es una argucia burda. Supo  muy bien lo que estaba diciendo y eso es mucho más grave, pues “trataba de calentar” la intolerancia. Que la fiscalía del Estado tome buena nota. Para luego arremeter contra leyes democráticas españolas, contra la igualdad de las mujeres, relegándolas a su “principal y meritorio papel” del hogar, quizá recomendando: “la guía de la buena esposa”.

Por más que desde algunos círculos católicos y políticos traten de insistir que la creciente indiferencia social ante la cuestión religiosa católica se deba a un supuesto “laicismo radical” de España, no deja de ser un sofisma, la realidad del alejamiento creciente parte de dos elementos básicos: Uno: una gran parte de la ciudadanía española: piensa, razona, observa, comprueba, actúa con sentido común… Dos: la propia iglesia católica con su ancestral y torpe dogma, con sus soflamas, con sus ataques al Estado de Derecho, con su interés por lo terrenal: (dinero, boato y patrimonio), con su forma autocrática de organizarse, con sus discursos contrarios a una sexualidad placentera, al derecho a la elección de salud reproductiva, a la muerta digna, con su oposición a los avances científicos, a la igualdad de hombres y mujeres, a los derechos de los homosexual, etc. Con la ocultación de graves delitos dentro de la propia iglesia, el no apoyar una buena parte de la Declaración Universal de los Derecho Humanos… están “echando” a muchos creyentes.

Estaba en el guión: Curiosamente en algunos momentos y lugares de Santiago y Barcelona ha habido más número de cuerpos de seguridad, que fieles católicos y/o curiosos, fuerzas que, en algunas ocasiones, se han dedicado a interferir en la libertad de expresión de cientos de ciudadanos y ciudadanas que deseaban hacer visible, desde diferentes puntos de vista, su oposición ante los fastos religioso-políticos y/o el gasto desmesurado de los mismos.

La visita ya es historia, …la resaca afortunadamente durará muy poco y en agosto de 2011 otro nuevo capítulo, esta vez en Madrid y con mucho más costo y más fastos… Esta visita ha servido, una vez más, para dejar al desnudo a instituciones públicas españolas (al Gobierno y a una parte importante de la oposición), a la monarquía y a muchos de los políticos que nos deberían de representar a todos y no solo a una parte de la población. Católicos practicantes que, en la práctica, no llegan al 25% de la población,  por muy poderosa que esta entidad religiosa sea. Por supuesto que los católicos practicante o menos practicantes nos merecen todo el respeto y tienen el derecho a manifestar su religión, en el respeto a la pluralidad. Por supuesto que hay católicos que tienen otra idea de las cosas, que desean una iglesia más abierta, más en su tiempo… pero más allá del mundo católico, hay otras muchas formas de religiosidad organizada o no, espiritualidad o formas de pensamiento que basándose en la razón y en la libertad han conseguido ir construyendo una parte, todavía pequeña, de la emancipación del ser humano.

Allá donde la religión es a la vez política el ser humano es menos libre y el desarrollo social, científico, intelectual, democrático disminuye o se paraliza. Y esto es lo que no quiere la cúpula de la iglesia católica, pues con ello peligra su enorme poder (terrenal).

Por ello, también, se opone  a la laicidad de las instituciones del Estado y al laicismo, descalificándolo, porque éste significa “la defensa del pluralismo ideológico en pie de igualdad como regla fundamental del Estado de Derecho, al mismo tiempo que establecer un marco jurídico adecuado y efectivo que lo garantice y lo proteja, frente a toda interferencia de instituciones religiosas o de cualquier otra naturaleza, que implique ventajas o privilegios”.  Y este principio tampoco lo admite la jerarquía católica, porque, también, pone en peligro su enorme poder (terrenal).

Pues como se puede ver…casi todo estaba en el guión.

*Francisco Delgado. Es presidente de Europa Laica

Sin desperdicio

Interesante artículo de “el Pais”  de JUAN G. BEDOYA sobre la  NO Laicidad del estado Español,  que nos sirve de resumen y de recordatorio:

Lo viejo no acaba de morir, lo nuevo no acaba de nacer. Este es el estado de ánimo de los movimientos laicistas ante la anunciada reforma de la legislación sobre libertad religiosa, cuyo contenido adelantó EL PAÍS el domingo día 13. El Gobierno ha presentado los cambios de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa de 1980 como un desarrollo de la “laicidad del Estado”. Entre otras medidas, prohibirá la presencia de símbolos religiosos -como el crucifijo cristiano- en edificios públicos y buscará una fórmula para que los llamados funerales de Estado sean civiles, sin ceremonias religiosas. También se propone extender a otras religiones de “notorio arraigo” privilegios que disfruta la mayoritaria confesión católica, a la que el Estado financia con unos 6.000 millones de euros anuales.


De esta cifra, 3.000 millones se destinan, según cifras oficiales, a sostener los colegios religiosos concertados, pero también se paga con dinero público el sueldo de obispos y sacerdotes; a los profesores de catolicismo en la escuela pública (unos 15.000); el salario de más de un millar de capellanes castrenses, hospitalarios y carcelarios, e incluso gran parte de la restauración o sostenimiento del ingente patrimonio histórico artístico de esa religión, la segunda propietaria inmobiliaria después del Estado.

“Es iluso creer que se avanza hacia la laicidad mientras persistan los privilegios de la Iglesia católica, acordados en Roma en la Navidad de 1979 por el ministro de Asuntos Exteriores español y el secretario de Estado de la Santa Sede”. “La tentación de extender los privilegios del catolicismo a otras religiones agravaría la confesionalidad encubierta del Estado”. “España es ahora un Estado aconfesional con querida. Mañana podemos ser un Estado aconfesional con cuatro o cinco mantenidas más, es decir, habremos retrocedido en laicidad y neutralidad religiosa”. Con esta contundencia se expresan los eclesiasticistas partidarios del laicismo y gran parte de los líderes de las religiones llamadas minoritarias, con tres o más millones de fieles.

Lo mismo opinan católicos de base que no viven “la laicidad como una amenaza contra la Iglesia, sino como una oportunidad positiva”. El Foro de Curas de Madrid incluso vislumbra en la laicidad el sueño de que su Iglesia acepte “mirar la modernidad sin ingenuidad o frivolidad pero con esperanza, descubriendo que la laicidad puede ser evangélica y teológicamente positiva”.

Enfrente, la jerarquía del catolicismo alza la voz con severidad contra las intenciones del Ejecutivo socialista. Los obispos consideran el laicismo un ataque a su Iglesia e, incluso, “un retroceso de la civilización y una aberración del ser humano”, y ven en las intenciones de los socialistas irreligiosidad, ateísmo o anticlericalismo. Aún confían en que el presidente Rodríguez Zapatero desista de la reforma anunciada tras entrevistarse en Roma con Benedicto XVI hace dos semanas.

El desencuentro entre jerarquía y sociedad civil empieza por la palabra laicidad, utilizada ahora por el Gobierno. ¿Qué es la laicidad? No hay definición formal. No existe la palabra en los diccionarios, ni siquiera en el de María Moliner, un “diccionario de uso”. Hay que acudir a la definición de laicismo para entenderse: “doctrina que defiende la independencia del hombre o la sociedad, y más particularmente del Estado, respecto de cualquier organización o confesión religiosa” (Real Academia Española).

“La laicidad es producto de una historia de luchas por la libertad religiosa y de conciencia, una historia limitada en el tiempo -dos siglos- y en el espacio -Occidente- durante la cual la vida política y social ha logrado emanciparse fatigosamente de las primitivas hipotecas confesionales”, afirma el historiador Ramón Teja, catedrático de la Universidad de Cantabria y presidente honorífico de la Sociedad de Ciencias de las Religiones.

Añade Teja: “Laicidad significa la existencia de un espacio público a disposición de todos los ciudadanos para ejercer sus derechos en condiciones de libertad y de igualdad, una ciudad de los hombres en la que haya espacio para todos, no una ciudad de Dios en la que solo haya lugar para sus creyentes”.

Teja subraya “las muchas dificultades” que hubo en el Concilio Vaticano II para el reconocimiento por la Iglesia católica de esa libertad e igualdad religiosa. “Hoy circulan en España y otros países católicos, como Italia, nuevas doctrinas que consideran inaceptable la equiparación de la religión católica con las otras confesiones. Se rechaza el principio de igualdad como criterio básico de la política del Estado en materia de cultos. Puesto que no resulta ya defendible por la Iglesia la teocracia, se recurre a la herencia y al Concordato con la Santa Sede para reclamar un trato privilegiado en materia de símbolos religiosos, financiación, educación, etcétera, y se pretende que las demás confesiones se contenten con ser toleradas”.

El catedrático Antonio Monclús, que acaba de dirigir un encuentro de religiones en el Instituto Cervantes de Tetuán, considera que la laicidad es “una dimensión central en ese diálogo entre culturas y en la Alianza de Civilizaciones”. “El laicismo es el mapa sobre el que se asientan las diferentes culturas. La laicidad es una característica esencial del Estado moderno. El Estado, laico, debe garantizar el derecho de cualquier cultura a expresarse y desarrollarse, desde la no confesionalidad de los poderes públicos. Los Acuerdos con la Santa Sede impiden que en España contemplemos hoy un mapa así de libre”, añade el también director de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo-Campo de Gibraltar.

El meollo del debate sobre el laicismo está en la financiación de las actividades del catolicismo. Nada hay más contradictorio con un Estado laico que el que la Hacienda pública ejerza de recaudadora de impuestos para sostener a una religión concreta. El Vaticano se comprometió en los Acuerdos de 1979 a que su Iglesia en España se autofinanciaría con el llamado “impuesto religioso”. Mientras tanto, Gobierno y episcopado acordaron un mecanismo transitorio de asignación tributaria mediante el IRPF. El plazo acabó hace dos décadas. En 2007, Rodríguez Zapatero aceptó la renuncia de los obispos a su compromiso de autofinanciación, e incluso les elevó un 34% (del 0,52% al 0,7%) el porcentaje de la cuota de IRPF que los católicos pueden destinar a su confesión, sin añadir un céntimo más que el resto de los contribuyentes.

El Gobierno no se propone reforma alguna en este asunto, y eso que los expertos de su propio entorno le han dicho que “financiar religiones es inconstitucional”. Es la conclusión del Laboratorio de la Fundación Alternativas, que dirige el ex ministro socialista Juan Manuel Eguiagaray. Muchos miembros del patronato de esa fundación pertenecen también al PSOE. El Tribunal Constitucional nunca ha entrado en el fondo de la cuestión porque nadie ha recurrido ante él el concordato; aunque sí ha resuelto algunas cuestiones de constitucionalidad por jueces relativos a aspectos puntuales.

“El marco de relaciones entre el Estado y la Iglesia católica es manifiestamente mejorable y en algunos casos profundamente inaceptable”, sostuvo Eguiagaray cuando la Fundación Alternativas presentó en sociedad su proyecto de Estatuto de laicidad. “El sistema vigente de financiación es inconstitucional. El acuerdo sobre asuntos económicos, de 1979, estableció un régimen temporal de financiación estatal de la Iglesia católica que, además de haber sido incumplido por ambas partes, resulta de difícil encaje en la definición de un Estado laico o aconfesional, ya que la financiación de las confesiones religiosas no puede entenderse como contenido del derecho de libertad religiosa, amén de que su mantenimiento únicamente en favor de la Iglesia católica supone una violación del principio de igualdad”, sostiene la Fundación Alternativas.

El informe había sido realizado por dos profesores de Derecho Eclesiástico, José María Contreras y Óscar Celador. Contreras ha sido director general de Asuntos Religiosos en el Ministerio de Justicia, un departamento que el Gobierno ha decidido eliminar.

Alejandro Torres, también profesor de Derecho Eclesiástico -en la Universidad Pública de Navarra-, hace estas cuentas. “La Iglesia católica lleva incumpliendo más de 30 años el compromiso de ‘lograr por sí misma los recursos suficientes para la atención de sus necesidades’ (artículo 2.5 del Acuerdo de Asuntos Económicos). Recordar esto no es anticlericalismo pues si dividimos los 250 millones de euros que percibe la Iglesia en concepto de Asignación Tributaria entre: 1) 44 millones de españoles, tocan cada español a 5,6 euros al año. 2) El 80% de esos 44 millones de españoles, que según el CIS se declaran católicos, tocan cada católico a 7,1 euros al año. 3) El 20% de esos 44 millones de españoles, que son católicos practicantes, toca cada católico practicante a 28,40 euros al año, menos de 50 céntimos por cada misa dominical.

Es poco dinero por cada fiel católico, pero los obispos se aferran al sistema de financiación pública porque desconfían, con razón, de la generosidad de sus fieles. Coinciden con el historiador William J. Callahan, de la Universidad de Toronto. “La tacañería del católico para sostener al clero es histórica. Las encuestas indican que, en práctica religiosa, la Iglesia católica española está viva y bien, como diría Jacques Brel. Pero las encuestas son engañosas. La religiosidad ha decaído en los últimos años”.

Frente a la versión de los obispos, que hablan de que los españoles son el 90% católicos, Callahan opone el dato de los que van a misa o hacen caso a las consignas de sus jerarcas. “El cálculo varía entre el 15% y el 25% de la población”, según el autor de La Iglesia católica en España.

El Ejecutivo tiene donde apoyarse si quisiera reformar el sistema de financiación. Esta es la tesis del profesor Fernando Amérigo, de la Universidad Complutense de Madrid y autor de La financiación de las confesiones religiosas en la UE. “A la hora de financiar a las confesiones religiosas hay dos grandes sistemas: los directos y los indirectos. Los sistemas directos (dotación presupuestaria, asignación tributaria, subvenciones directas o la creación de fondos estatales para el culto y clero) se caracterizan porque el Estado financia a las Iglesias mediante fondos públicos, es decir, considera la actividad estrictamente religiosa como parte del gasto público.

Los sistemas indirectos se basan en que el Estado facilita o promociona el sostenimiento económico de las confesiones a través de los ciudadanos de forma voluntaria. Es el caso de las desgravaciones fiscales a las donaciones, que se dan en Francia, Holanda o Portugal, o del impuesto religioso o cuota eclesiástica que se aplica en Alemania, Austria, Suecia o Finlandia.

Hay países donde las Iglesias se autofinancian -Reino Unido y Eslovenia- o donde se prohíbe la financiación de las confesiones, como Irlanda (si bien la Iglesia católica recibe allí ayudas en el sistema educativo). “Los sistemas directos son, en puridad, incompatibles con la laicidad del Estado, puesto que suponen una violación tanto de la separación como de la neutralidad”, sostiene Amérigo.

Alejandro Torres subraya otros beneficios fiscales. “Las viviendas o casas parroquiales de los ministros de culto de las confesiones que han suscrito un acuerdo con el Estado, y los huertos y jardines adyacentes, están exentas en el IBI. Eso es incompatible con los principios constitucionales de laicidad del Estado y de igualdad. Pese a que ‘ninguna confesión tendrá carácter estatal’ (artículo 16.3 de la Constitución), se da la paradoja de que los ministros de culto de las confesiones con acuerdo tienen un régimen fiscal mejor que el de los funcionarios. ¿Qué relación tiene el uso y disfrute de un huerto o jardín con el ejercicio del derecho fundamental de libertad de religiosa?”.

Otro privilegio: el que atribuye a las diócesis la Ley Hipotecaria (artículo 206) para la inmatriculación de inmuebles. “Si ninguna confesión tiene carácter estatal, y si la sentencia 340/1993 del Tribunal Constitucional prohíbe la confusión entre funciones y fines religiosos y funciones y fines estatales, ¿cómo es que los obispos católicos pueden emitir certificaciones de dominio, como si fuesen funcionarios dotados de fe pública?”, se pregunta Torres.

Juan José Tamayo, director de la cátedra de Teología en la Universidad Carlos III, en Madrid, y secretario general de la Asociación de Teólogos Juan XXIII, concluye que el Gobierno se ha quedado “sin política propia” en cuestiones de laicidad. “La agenda se la marca otro Estado, el de la Ciudad de Vaticano….

Para leer entero Pincha en:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/laicos/nada/elpepusoc/20100703elpepisoc_1/Tes

INTEGRISMO RELIGIOSO EN EXTREMADURA

Declaración institucional de la Asamblea extremeña

Extremadura pide que Guadalupe pase a integrarse en jurisdicción eclesiástica extremeña

 

DESDE CÁCERES LAICA:

Si  bien no nos sorprende este gesto integrista de las autoridades extremeñas que mezcla lo religioso con lo público, vulnerando la libertad de conciencia de los ciudadanos extremeños, nos resulta indignante y una nueva falta de respeto al derecho a las creencias individuales.

Desde aquí queremos hacer pública nuestra protesta y la intención de adoptar las medidas legales oportunas, acudiendo si es necesario al Tribunal de Estrasburgo o Corte Europea de Derechos Humanos.

De igual modo hacemos un llamamiento a tod@s l@s laicistas particulares y colectivos para sumarte a esta denuncia.

En otros medios también se han hecho eco:

Gente en Cáceres

 

 

La libertad religiosa una amenaza para las libertades y derechos individuales

Por: Javier Fisac Seco
Siendo la libertad un poder solamente individual: el poder que cada individuo tiene para gobernarse, darse derechos y defenderlos, buscar su propia felicidad y sus placeres, pensar por sí mismo y tomar sus propias decisiones, la idea de dios, en consecuencia, y la misión de las religiones y sus castas dirigentes, es la negación de la libertad. Resulta paradójico, desde la perspectiva de la libertad individual que se ha ido formando ideológicamente, dotando de contenidos humanos e individuales y conquistando en diferentes tiempos históricos y en diferentes países en lucha contra la opresión de los poderes autoritarios y monoteístas, que se presentaban en formas de gobiernos totalitarios, teocráticos, monárquicos y dictatoriales, que ahora, los mismos que gobernaron durante siglos y siguen gobernando en los países teocráticos o dictatoriales, e imponiendo en sus centros educativos en sociedades democráticas una ideología fundamentada en valores antidemocráticos e inconstitucionales, reivindiquen como un derecho para sí, para su institución clerical-corporativa y por tanto enemiga del individuo: la libertad religiosa.
Es la expresión de una nueva ofensiva contrarrevolucionaria, que podemos calificar de fundamentalista, porque amenaza los valores de las constituciones democráticas, contenidos, también, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que fue rechazada y por eso no fue firmada por la Iglesia Católica como no lo ha sido todavía por los países musulmanes.
Que un derecho que sólo es y sólo puede ser individual, la libertad religiosa, derecho recogido en las constituciones y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos como una libre opción de cada individuo por la que puede o no optar cuando sea mayor de edad, sea reivindicado para sí por una organización supra-individual, la corporación clerical católica, no sólo puede ser interpretado como una burla, otra más, de los derechos individuales, sino que es una contradicción tan grave porque es incompatible con los derechos individuales. Incompatible con la libertad individual.
Aún así, el derecho individual a la libertad religiosa está de más entre los demás derechos porque existiendo los derechos a la libertad de opinión y el de la libertad de expresión el ejercicio de éstos ya contiene el de libertad religiosa que no debería estar explicitado. Primero porque es una reminiscencia de la moral monoteísta y de la derecha y en segundo lugar porque la libertad religiosa sólo puede ejercerse a partir de la mayoría de edad y no como un poder religioso, conservador y familiar para imponer a los menores una determinada creencia.
De manera que, en nombre de este derecho no sólo se incumplen todos los demás, sino que en aplicación del mismo se va creando un caparazón ideológico y moral en los niños que les acaba obstruyendo el desarrollo de su potencial capacidad para ejercer los demás derechos. Porque sometidos a la influencia religiosa van desarrollando un carácter autoritario, patriarcal, antifeminista y homófobo que afecta por igual a los chicos que a las chicas. De ahí la paradoja de que miles de mujeres justifiquen su explotación y dominio por el macho.
Si la Iglesia Católica acatara los valores individuales, lo podría hacer de dos sencillas maneras, claro que entonces tendría que autodisolverse porque carecería de razón de ser. En primer lugar, lo primero que tendría que aceptar es que la libertad religiosa es un derecho de cada individuo y que éste es el único que puede decidir si quiere o no quiere creer en algún dios; en segundo lugar tendría que rechazar sus valores porque son la negación de los derechos individuales, de la libertad y de las formas democráticas y populares de gobierno.
Desde sus orígenes la Iglesia católica, y por extensión todas las religiones monoteístas, incluidas las demás iglesias cristianas, han gobernado junto con los poderes dominantes. Los mismos que sometían a los explotados. Han legitimado la explotación del poderoso y la han racionalizado con un sistema de valores que, en nombre de la libertad religiosa, no en nombre de la libertad individual, justifica la explotación como un hecho natural y sin especial importancia porque lo importante no es lo que vivimos sino lo que nos ocurrirá cuando muramos. Porque lo que da sentido último a nuestras vidas no es vivir la vida, nuestra propia vida como única realidad civil y personal, sino vivir la vida preparándonos durante toda ella para la muerte.
No existe mayor fantasía, mayor farsa y mayor desprecio por el ser humano que transformar su vida en un calvario gracias al cual encontrará sentido último a su vida: la muerte. Vivir para morir. El éxtasis del sadomasoquismo. Que se desarrolla en unos valores conocidos como votos: de castidad, de obediencia y de pobreza y que se alcanzan en su más alto grado en la santificación después de ser vírgenes y mártires. Toda una vida de sufrimiento, toda una vida sin conocer el placer sexual, toda una vida de obediencia al superior, toda una vida de exaltación de la pobreza o estado de explotación por la clase dominante hasta alcanzar el éxtasis de la felicidad: la muerte.
Y todo esto, y algo más que ahora desarrollaré, es lo que reivindican cuando en nombre de una concepción de la libertad contra los individuos, la libertad contra la felicidad, la libertad contra la independencia y autonomía personal, la libertad contra los derechos fundamentales del individuo, “su libertad”, reclaman para sí, sin sentido de la vergüenza histórica ni del ridículo, los antiguos amos de la humanidad, las religiones monoteístas: la libertad religiosa. Una libertad que es incompatible con los derechos individuales: con la libertad humana.
Pero esto no sólo resulta indignante por ofensivo a nuestro sistema de valores democráticos sino irritante cuando no reaccionamos frente a la brutalidad de un sistema de valores religiosos que no tienen más finalidad que destruir al individuo como sujeto de derechos privándole de su voluntad, de su capacidad para pensar y decidir por sí mismo mediante el adoctrinamiento al que hemos sido, la especie humana lo ha padecido durante siglos, sometidos. Es irritante que nos parezca “normal” que unas personas con unos valores como la castidad, la obediencia y la pobreza eduquen a las generaciones desde niños hasta la muerte.
Pero cómo puede dejarse la educación de los niños y jóvenes en manos de unas personas que renuncian al placer sexual para perfeccionar su alma, viviendo eternamente reprimidos y amargados/as. Pero cómo puede dejarse la educación de niños y jóvenes en manos de personas que hacen de la obediencia, la renuncia a tener opinión y voluntad propia, de la renuncia a la formación en el espíritu crítico, de la renuncia a fortalecer la formación y personalidad individual, un valor de sumisión irracional al superior. Pero cómo puede dejarse la educación de niños y jóvenes en manos de unas personas que ensalzan la pobreza como estado de perfección porque purifican su alma, que es lo mismo que bendecir la situación de explotación del hombre por los poderosos porque cada cual debe aceptar y someterse a la realidad en la que le ha tocado vivir para que haya paz. La paz de los opresores, claro. Esta es la libertad religiosa: la libertad que se concede a una corporación para acabar con las libertades individuales. La libertad de la ideología totalitaria.
La religión monoteísta es una ideología totalitaria que tiene como finalidad el control de masas al servicio del poder de clase mediante una moral cuyos valores se fundamentan en la negación de la libertad de cada individuo. Que es una ideología totalitaria es fácil de demostrar porque lo dicen sus propios documentos y su concepción teórica del origen del poder. Todo poder viene de dios por lo tanto se rechaza el sufragio universal y las formas democráticas de gobierno. Esto fue así antes de las democracias asamblearias en Grecia y Roma, durante toda la Edad Media y Antiguo Régimen y tras el sobresalto de la Revolución francesa se reencontró y reafirmó en los regímenes totalitarios y las dictaduras militares del siglo XX. Con la orientación ideológica que dieron todos los papas a esta concepción totalitaria de la sociedad y del poder.
Y que siguen dando hasta hoy día por dos sencillas razones: porque no han elaborado ni aprobado, y por lo tanto no han hecho público, ningún documento en el que reconozcan su ideología totalitaria, renuncien a ella y acepten las libertades democráticas y los derechos individuales y al individuo como sujeto de derechos y como fundamento básico y de origen de la sociedad; y porque aún conservan los “diez mandamientos” como fuente de ley de origen divino.
“Mandamientos” que no reconocen ningún derecho a los individuos, sino deberes, dos tipos de deberes; los deberes para con dios y los deberes para con la Iglesia. Lo mismo ocurre con todos los libros sagrados y con los documentos religiosos, incluidas todas las encíclicas, en los que nunca jamás encontraremos una proclamación de derechos individuales. Esto sería tan absurdo para cualquier dios monoteísta como que Franco o Hitler hubieran reconocido derechos a los individuos, porque hubieran reconocido la negación de sus propios valores. La religión monoteísta, la Iglesia Católica, es coherentemente totalitaria, por eso no puede admitir en sus textos ni en sus libros sagrados que existen individuos y que, encima, tengan derechos. Y este sistema de valores totalitarios: castidad, obediencia y pobreza hasta alcanzar la virginidad en el martirio es el que imponen a los niños y jóvenes en los centros educativos que caen bajo sus garras y nos vienen imponiendo en nombre de “su libertad religiosa”. Porque la imposición es el mecanismo de difusión de su dogma y nunca la convicción en libertad. Y para eso quieren la “libertad religiosa” para imponernos su sistema de valores. Un sistema que nos priva de derechos individuales y nos arranca nuestra voluntad porque gracias a él pretenden seguir imponiendo “su voluntad” que no otra cosa es “su libertad religiosa”.
¿No resulta paradójico, irritante e idiotizante que nos parezca la cosa más “normal” del mundo que para alcanzar “el sentido último de la vida”, un sentido que sólo tiene sentido hablando en términos religiosos y por tanto inhumanos, tengamos que compartir unos valores religiosos que son autoritarios, patriarcales, antifeministas y homófobos? ¿Nos parece normal que a los niños y jóvenes se les eduque en estos valores por personas que practican valores tan inhumanos como los votos de castidad, obediencia y pobreza? Y entonces la Constitución y los Derechos Humanos qué pintan aquí.
¿Podemos compartir unos valores que reducen a la mujer a la función de madre-asexuada para que no deje de parir hijos a fin de difundir el poder del clero por la vía del crecimiento demográfico? Niños deliciosos que luego ellos y ellas se encargarán de idiotizar privándoles de voluntad propia gracias a “su libertad” religiosa. ¿Podemos compartir unos valores que presentan el placer sexual como una condena divina y encima sentir sentimiento de culpa por disfrutar con nuestro propio cuerpo y de vergüenza por tener cuerpo y encima disfrutar con él? ¿Podemos compartir unos valores que utilizan la represión sexual para privarnos de nuestra propia voluntad imponiéndonos una voluntad religiosa-clerical que decida por nosotros qué podemos o no podemos hacer con nuestra propia felicidad y nuestro propio placer? Pues para todo esto y mucho más quieren ellos: una aristocracia rancia y clerical tener el privilegio en exclusiva detener “una libertad religiosa”, “su libertad”: una libertad corporativa enemiga desde hace siglos de los derechos individuales. Y entonces la Constitución y los Derechos Humanos qué pintan aquí.
Unos valores que están en contra del matrimonio civil, en contra del divorcio, en contra del aborto, en contra de las relaciones sexuales a cualquier edad, en contra de la homosexualidad, en contra de los anticonceptivos, en contra de la píldora del día después, en contra de la libertad de opinión, en contra de la mujer que no sea madre-asexuada-objeto; en contra de la felicidad; en contra de la separación de la Iglesia y el Estado; en contra de una enseñanza laica, científica, racionalista, humanista e ilustrada… ¡En fin! En contra de que sea cada individuo el que tome sus propias decisiones en un marco de legalidad civil. Y con estos contra-valores antidemocráticos se dedican a la enseñanza, adoctrinando a niños y jóvenes hasta conseguir neurotizarlos. Pero ¿no tenemos ya valores democráticos?
Existen dos sistemas, dos ideologías, dos morales fundamentados en sistemas de valores y de conductas diferentes, antagónicos: la ideología totalitaria de origen monoteísta y la ideología ilustrada de origen humano. La primera ha negado siempre la existencia del individuo como sujeto de derechos y fundamento de la sociedad; en su lugar el fundamento de la sociedad es la familia, la corporación y el municipio; ha negado que el poder tenga un origen humano afirmando que no hay más poder que el que tiene un origen divino; ha reducido a la mujer a la función de madre-asexuada y ha prohibido el placer; la otra moral es la que desde la Ilustración y la Revolución francesa ha afirmado la existencia de individuos y de sus derechos; ha proclamado que el placer es un derecho que debe ser perseguido sin vergüenza ni sentimiento de culpa y que los seres humanos tenemos derecho a la felicidad sin tener que esperar a la muerte, una fantasía brutalmente inhumana, en cuyo nombre pretenden los monoteísmos, y la Iglesia Católica dominarnos para mayor gloria de dios y de ellos. Que son una y la misma cosa. Para acabar con esta moral ilustrada porque si no ésta terminará poniendo fin a la brutalidad monoteísta, estas religiones, la católica en concreto, piden tener libertad. Una institución que es antidemocrática porque es teocrática en su funcionamiento y organización interna y cuyos valores y código de conducta son antidemocráticos, ¿para qué quiere la libertad?
Una iglesia, la Católica, que ha negado toda libertad imponiendo su monopolio de valores asociada al fascismo, asociada al nazismo, asociada al salazarismo, asociada a las monarquías absolutistas, asociada al pinochetismo, asociada al franquismo…etc., tiene la arrogante desvergüenza de exigir “una libertad en exclusiva y especial” para sí, para ella poder seguir imponiendo sus valores con los que minan los fundamentos sobre los que se sostienen los sistemas políticos democráticos: las libertades individuales y los derechos humanos. ¿Nos damos cuenta de que con ese privilegio les abriremos la brecha por la que los gobiernos españoles y nacionalistas acabarán siendo dirigidos desde el Vaticano?
Y entonces la Constitución y los Derechos Humanos qué pintan aquí. ¿Contemplaremos indiferentes la avalancha de la ofensiva contrarrevolucionaria del fundamentalismo religioso hasta quedar idiotizados, enmudecidos y privados de placer o llegará un momento en el que nos movilicemos para defender lo que ahora tenemos: los derechos individuales?
Bien, y si ya somos libres, a cuento de qué esta corporación clerical pide libertad, una libertad especial para ellos. ¿No estarán confundiendo libertad con privilegios?, pero entonces la igualdad de todos ante la ley quiebra en su fundamento democrático, anti-aristocrático y antiautoritario y se restauraría una especie de sociedad privilegiada. Nuestros derechos serían anulados por los derechos de la libertad religiosa. Lo que no pudieron conseguir ni el nazismo ni el franquismo ni tan si quiera los Austrias ¿lo conseguirá la Iglesia Católica con su libertad religiosa, renaciendo así de las cenizas de esos totalitarismos? ¿No es hora de movilizarse?
Javier Fisac Seco
Historiador, periodista, creador artístico, caricaturista político…

Bajada de pantalones

Iba a titularlo “a un paso del integrismo” pero después de escuchar a Zapatero, lo de “laicismo moderado” me inclino directamente por la expresión que más he oído estos días para referirse al alarde de cinismo y a la desfachatez con que nuestro Gobierno se permite pasarse la supuesta aconfesionalidad amparada por nuestra Constitución y el principio de laicidad que pregona la Carta Universal de los derechos Humanos por el sitio donde guardan sus más avergonzantes miserias, si es que se puede considerar que a los miembros del Ejecutivo conservan algo de vergüenza, y en esto hay muchas opiniones, porque hay que tener mucha cara o muy poca vergüenza para llamarse socialista y chanchullear con los Obispos arreglos como el que acaban sellar el Gobierno de ZP con el Vaticano, eso sí, bajo estrictísimo secreto.¡Si Pablo Iglesia levantara la cabeza y viera a sus “pupilos” bajo palio, y compartiendo “cama” con la mismísima iglesia que se “entendía” con Franco!.
Pero quiero felicitar una vez más a la “Jerarquía” eclesiástica por su habilidad para anular al PSOE, Gobierno incluido. No puedo decir tanto de Zapatero y su partido que demuestra nuevamente su torpeza manteniendo a la Iglesia Católica unos privilegios y una financiación que esta usa para propagar su integrismo reaccionario y machacar, desde sus púlpitos y medios, las escasas políticas progresistas del ejecutivo pesoísta.
Imagino que, siguiendo la dinámica, los Obispos ya estarán preparando la próxima envestida, da igual de que ley vaya a tratarse, futura moneda de cambio para la siguiente negociación con el Gobierno -así nos luce el pelo-, mientras que ZP ya andará ensayando, y nunca mejor dicho, la próxima bajada de pantalones.

¿Cómo era eso de ‘Estado aconfesional’?

¿Cómo era eso de ‘Estado aconfesional’?

TRAS LA SENTENCIA DE LOS CRUCIFIJOS

Héctor Rojo Letón / Diagonal

La decisión judicial de retirar los crucifijos de un colegio de Valladolid vuelve a demostrar el peso que la Iglesia católica mantiene en espacio públicos, tras 30 años de la declaración de aconfesionalidad del Estado.

Martín León Barreto

La necesidad de la separación entre Iglesia y Estado ha vuelto a quedar en evidencia. Treinta años después de la aprobación de la aconfesionalidad del Estado, esta es una tarea pendiente. “Se estaban incumpliendo los artículos 14 y 16.1 de la Constitución, como se refleja en la sentencia: ‘El Estado no puede adherirse ni prestar su respaldo a ningún credo religioso ya que no debe existir confusión alguna entre los fines religiosos y los fines estatales”, explica Fernando Pastor, uno de los impulsores de la denuncia que realizó la Asociación Cultural Escuela Laica (ACEL) para que los crucifijos no se mantuvieran en el colegio público Macías Picavea de Valladolid.


Una sentencia que se hizo pública días antes de las celebraciones del 30º aniversario de la Constitución. Una demostración de la influencia que, más de 30 años después de finalizar el régimen nacionalcatolicista, mantiene la religión católica en el Estado español. A pesar de la resolución del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo nº 2 de Valladolid estos crucifijos continúan en su sitio. Al igual que en el colegio Isabel La Católica de dicha localidad, donde existe otra denuncia similar. Sigue leyendo